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A simple vista para la mayoría de los electores el trajín, el manoseo y la polémica que está suscitando la reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla la Mancha es cosa de los políticos, una nueva disputa en los Reinos de Taifas como les gusta llamar a los disconformes con la actual ordenación del territorio nacional. Sin embargo, aunque parezca que esta nueva trifulca no va con nosotros, nada más lejos de la realidad. Este era el momento de acometer nuevos cambios, la oportunidad para equipararnos en autogobierno y competencias que ya poseen otras Autonomías. Comunidades que iniciaron sus demandas basándose en el reconocimiento histórico de su territorio, como es el caso de Cataluña o el País Vasco, la reforma pretendida para el Estatuto de Castilla la Mancha ayudaba a conseguir un Estatuto de segunda generación, mucho más desarrollado que el anterior. Aunque nuestra Comunidad no tiene una base histórica concreta, pero a su favor tiene muy bien definida la demarcación de su territorio, una región natural que abarca la extensa llanura manchega, es verdad que tenemos la sensación de que Guadalajara queda un poco lejos, pero también allí tuvo sus correrías y andanzas nuestro mítico y emblemático Don Quijote.
Desde el año 2008 que se inicia el proyecto de reforma anda mareando la perdiz el PP, el gran escollo para solventar las diferencias ha sido el agua, el polémico trasvase Tajo-Segura, su empleo y su caducidad. Cuando en otras regiones las discrepancias y la falta de acuerdos los motivaban las dudosas definiciones de país o nación dentro de España, la difícil coexistencia de dos lenguas oficiales, problemas de léxico y otros más que son pura retórica, nuestro gran obstáculo es una realidad concreta, la riqueza que supone un elemento básico para el desarrollo como es el agua.
Es cierto que este año hidrológico está siendo generoso, estamos sobraos, pero también sabemos que es una excepción, el tipo de clima que tenemos es cíclico, por eso debemos cuidar tan preciado elemento, más pronto que tarde nos hará falta.
La falta de acuerdo para la derogación del trasvase Tajo-Segura en el año 2015 junto con la ausencia de una reserva hídrica de 4000 Hm3, ha sido el detonante para que el presidente Barreda amenace con la retirada definitiva antes que se tramite la propuesta de reforma en el Congreso. Porque además no está claro que pueda conseguir los apoyos suficientes para su aprobación, su actitud puede ser un órdago o una salida digna ante tanto regateo y rebaja.
El Trasvase Tajo-Segura es una gran obra hidráulica de 300 Km. iniciada en 1966 y concluida en el año 1979. Las deficitarias cuencas hídricas del levante se han beneficiado de esta gran infraestructura que les permitía llevar agua a los campos de Murcia. Nadie niega las ventajas que esto supone, si bien cuando se terminó la obra para la que se construyó ya habían cambiado los agentes y los modelos que proporcionaban el desarrollo de las regiones.
Es una realidad que la agricultura en nuestro país ya no es un sector estratégico, que muchos de los cultivos se entienden solo si cuentan con las subvenciones de la Comunidad Europea, que al igual que en la industria se está produciendo una deslocalización en la producción agrícola. Que el desarrollo del norte del continente africano que goza de un clima Mediterráneo depende que le permitamos importantes cuotas de comercialización de productos del campo a cambio de tecnología.
Demasiados trasvases de agua de la cabecera del Tajo derivados al Levante han permitido su progreso y desarrollo, pero la agricultura ha sido una excusa, en realidad han servido para impulsar el sector inmobiliario y turístico, sector inmobiliario que ha caído por su propio peso, sobredimensionado en regiones como la murciana. Se podían haber dedicado recursos a diversificar otras infraestructuras hidrológicas, porque es una realidad que en Entrepeñas y Buendía, es decir la cabecera del Tajo, no hay tanto exceso de agua para estar cada dos por tres haciendo trasvases. Mientras tanto en la llanura manchega para salvar un parque natural como las Tablas de Daimiel se han debido de acometer proyectos que reducen el regadío en la zona y alguna que otra aportación de agua que se desperdició a causa de la enorme distancia del origen de tan preciado elemento. Menos mal que ahora después de acometer otra gran obra como la tubería Manchega, el consumo de agua potable está garantizado para la población.
¿Vamos a comportarnos ahora como ayer?, cuando a las regiones más reivindicativas y conflictivas se les adjudicaban las grandes industrias para acallar otras demandas, ahora lo que toca es armonizar el desarrollo y no permitir que unas Comunidades tengan prebendas y ventajas porque tienen mayor peso político.
El gran desaguisado y el enfado para que no se pueda aprobar el nuevo Estatuto lo ha provocado la Sra. de Cospedal, que ahora se desdice de su anterior acuerdo. Cuando apoyó la reforma del estatuto en las cortes regionales era solo la candidata, ahora repleta de cargos deshoja la margarita y apuesta por la opción que la proyecte a nivel nacional y que no le cause demasiado enfrentamiento con el presidente Valcárcel. Dicen los populares que Barreda pretende hacer electoralismo con la intención de retirar la reforma, y sin embargo en Valencia y Murcia se frotan las manos si consiguen imponer sus criterios, ¿ellos no hacen electoralismo de su intransigencia?
Me inquietan cada día más las declaraciones de Maria Dolores, desde que comentó que tenía más discernimiento el voto urbano que el voto rural, el acoso policial del que nunca aportó la más mínima prueba, y ahora anda exponiendo que la democracia está en peligro porque la gente se manifiesta en las calles a favor de Garzón. Si quiere ser la candidata a la Comunidad castellano-manchega, más le vale que tenga las cosas claras antes de hacer estas declaraciones solemnes y huecas, que se ponga ya a trabajar por esta región y su desarrollo.
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